domingo, 7 de septiembre de 2014

LA ILUSION DE VIVIR

Tener ilusión es estar vivo y coleando, programar objetivos, soñar con sacar lo mejor de uno, crecerse ante las dificultades y llegar a la cima.

La primera ilusión es trabajar sin prisa, con el alma, dando lo mejor que uno posee. Gozar con la tarea que se tiene entre manos, amando el trabajo bien hecho. De esta manera, uno se va haciendo dueño de su propia trayectoria, a pesar de los mil avatares y circunstancias que la van bombardeando.  

Hay que saber vivir sacándole el máximo jugo a la vida. En eso estriba la felicidad. Felicidad e ilusión forman un binomio inseparable.

Ilusión es despertar cada mañana con ansias renovadas y superar las adversidades. Ilusión es encontrar el viento de la mañana fresco y de cara, ver con nuevos ojos las mismas cosas y las personas que nos rodean.

Si los años arrugan tu cara, el carecer de ilusiones arruga el alma y uno se vuelve viejo. La juventud no depende de los años, sino de la frescura y lozania de los planes por cumplir y las metas por rebasar.

El optimista ha sabido educar su mirada para descubrir lo positivo que se asoma a su alrededor. No es que sea incapaz de percibir lo negativo, sino que se detiene más en lo bueno que en lo malo. Su visión repasa la realidad, pero en su retina ( en su corazón y en su cabeza) se hospeda lo más valioso. Todo está en la forma de mirar.

La vida es como una aventura marina. El mar no siempre se presenta sereno y en calma, sino que, como algo vivo, en movimiento, tiene subidas y bajadas, tempestades y dias de horizontes abiertos. Cuando el mar empieza a erizarse y el oleaje pide paso y toma la delantera, uno adopta ciertas medidas defensivas para ponerse a salvo.

El optimista no pierde la calma cuando todo parece que se viene abajo. Sabe mantener el tipo. Tiene fortaleza y serenidad. Relativiza. Lucha contra los elementos. Está atento a todo, pero mirando a la lejania, porque los vientos favorable volverán.

El optimismo no es una visión plana y simplona de la realidad, sino la capacidad de aceptar otro ángulo de los hechos, poniendo siempre una nota positiva y aplicándola con criterio. La persona optimista sabe diferenciar lo que es substancial de aquello otro que es anécdota y periferia.


La felicidad es suma y compendio de la vida auténtica. La felicidad no depende de la realidad, sino de la percepción de la realidad que uno hace.  

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