Estamos constantemente viviendo una desconexión con el
tiempo. Con frecuencia, nuestros pensamientos están en el pasado, pensamos en
cómo deberían haber sido determinados sucesos, cómo nos habría gustado que
fuesen. Lo que nos lleva a sentir nostalgia o tristeza, culpa, etc. En otras
ocasiones, estamos planificando el futuro, anticipando consecuencias, y
sentimos estrés o temores, miedos, etc.
Continuamente
estamos o en el pasado o en el futuro y no en el presente, que es donde estamos
y donde la vida tiene lugar. Vamos con
un piloto automático. Por ejemplo, estoy bañando a mis hijos y pensando en todo
lo que me queda aún por hacer, voy conduciendo o paseando y pensando en las
llamadas que tengo que hacer, las cosas que tendría que haber hecho ya…
Este estado no
nos permite vivir en el momento presente. Mediante la práctica de Mindfulness o
Atención Plena, somos conscientes de cómo nos sentimos, de qué es lo que ocurre
a nuestro alrededor en ese preciso momento. Esto se consigue con práctica, es
un entrenamiento mental. Una de las principales herramientas para conseguir
estar presente, es la meditación. Mindfulness no consiste en dejar la mente en
blanco. Consiste en que nuestra mente esté llena de atención del momento
presente.
Nos ayudará a
saber cómo nos sentimos, a percibir mejor nuestro entorno, nos ayuda a
concentrarnos, a estar más relajados, reducir el estrés, a aceptar las cosas
tal cual son, a responder en lugar de reaccionar y a aumentar nuestra compasión
y comprensión de quienes somos y de cuanto nos rodea. Estos son sólo algunos de
los muchos beneficios de su práctica.
“No puedes
detener las olas, pero puedes aprender a surfear”. Esta es la idea central de
la práctica de la Atención
plena. Las personas tienen problemas, sentimos tristeza, estrés, miedos, estas
son nuestras olas. El paso más importante para surfear es: parar un momento y
observar. Así te das la oportunidad de ver qué es lo que ocurre, aceptarlo y
responder de otro modo. No podemos hacer que las olas sean más grandes o
pequeñas. Tenemos que aceptarlas tal cual son y decidir cómo vamos a surfear.
Al reconocer las olas de tu vida y no reaccionar de forma automática, podremos
tomar decisiones con más calma y eficacia.
Mindfulness no es
meditación, es un estado de conciencia
que se alcanza mediante la meditación, por eso no es exactamente lo mismo.
En solo ocho
semanas empieza a haber áreas del cerebro frontal que se refuerzan y consiguen modular la
ínsula, que es la parte del cerebro que regula las emociones. O sea que hay más
control consciente de las mismas, con lo cual no nos dejamos atrapar tanto por
ellas, no nos hacen sufrir tanto. Hay cambios que se ven en estudios con
neuroimagen en personas que han hecho meditación, con solo ocho semanas de
práctica.
Hacemos
meditación (dedicando algunos minutos al
día de forma específica), para poderla utilizar en casi todos los momentos de
la vida diaria: en momentos de estrés, de enfado, de tensión, etc.
Hay unas
prácticas muy cortas (una se llama de “los tres minutos”) que pueden hacerse en
cualquier ocasión y te relajan, y se pueden aplicar en la vida diaria, en
situaciones de estrés o aprovechando situaciones rutinarias. Si estás esperando
en la parada del autobús, en vez de despotricar porque el autobús llega tarde,
puedes cerrar los ojos y hacer una meditación corta. O también cuando cocinas o
cuando friegas los platos puedes aprovechar para hacer unos minutos de
meditación. Solo con poner la atención en lo que estás haciendo, cambia la
perspectiva. En vez de pensar “qué aburrido es fregar”, si estás atento a todo
lo que sucede en ese momento puede ser una meditación apasionante.
Eso es
mindfulness para ser más felices, o para disfrutar más de la vida que tenemos.
Con frecuencia
vivimos ajemos a nosotros mismos, estamos haciendo una cosa y pensando en otra,
y eso es una fuente de infelicidad
porque no estamos en lo que estamos.
Desde la atención
plena, comer por ejemplo es apasionante, pero somos incapaces de comer solo
comiendo, sin ver la televisión, hablar, etc. Por eso comemos de más y
engordamos, porque no llegamos a
percibir cuándo estamos llenos.
Se puede decir
que el mindfulness nos ayuda a vivir más felices
