viernes, 14 de febrero de 2014

MINDFULNESS

Estamos  constantemente viviendo una desconexión con el tiempo. Con frecuencia, nuestros pensamientos están en el pasado, pensamos en cómo deberían haber sido determinados sucesos, cómo nos habría gustado que fuesen. Lo que nos lleva a sentir nostalgia o tristeza, culpa, etc. En otras ocasiones, estamos planificando el futuro, anticipando consecuencias, y sentimos estrés o temores, miedos, etc.

Continuamente estamos o en el pasado o en el futuro y no en el presente, que es donde estamos y donde la vida tiene lugar. Vamos  con un piloto automático. Por ejemplo, estoy bañando a mis hijos y pensando en todo lo que me queda aún por hacer, voy conduciendo o paseando y pensando en las llamadas que tengo que hacer, las cosas que tendría que haber hecho ya…
Este estado no nos permite vivir en el momento presente. Mediante la práctica de Mindfulness o Atención Plena, somos conscientes de cómo nos sentimos, de qué es lo que ocurre a nuestro alrededor en ese preciso momento. Esto se consigue con práctica, es un entrenamiento mental. Una de las principales herramientas para conseguir estar presente, es la meditación. Mindfulness no consiste en dejar la mente en blanco. Consiste en que nuestra mente esté llena de atención del momento presente.
Nos ayudará a saber cómo nos sentimos, a percibir mejor nuestro entorno, nos ayuda a concentrarnos, a estar más relajados, reducir el estrés, a aceptar las cosas tal cual son, a responder en lugar de reaccionar y a aumentar nuestra compasión y comprensión de quienes somos y de cuanto nos rodea. Estos son sólo algunos de los muchos beneficios de su práctica.

“No puedes detener las olas, pero puedes aprender a surfear”. Esta es la idea central de la práctica de la Atención plena. Las personas tienen problemas, sentimos tristeza, estrés, miedos, estas son nuestras olas. El paso más importante para surfear es: parar un momento y observar. Así te das la oportunidad de ver qué es lo que ocurre, aceptarlo y responder de otro modo. No podemos hacer que las olas sean más grandes o pequeñas. Tenemos que aceptarlas tal cual son y decidir cómo vamos a surfear. Al reconocer las olas de tu vida y no reaccionar de forma automática, podremos tomar decisiones con más calma y eficacia.

Mindfulness no es meditación,  es un estado de conciencia que se alcanza mediante la meditación, por eso no es exactamente lo mismo.

En solo ocho semanas empieza a haber áreas del cerebro frontal  que se refuerzan y consiguen modular la ínsula, que es la parte del cerebro que regula las emociones. O sea que hay más control consciente de las mismas, con lo cual no nos dejamos atrapar tanto por ellas, no nos hacen sufrir tanto. Hay cambios que se ven en estudios con neuroimagen en personas que han hecho meditación, con solo ocho semanas de práctica.

Hacemos meditación  (dedicando algunos minutos al día de forma específica), para poderla utilizar en casi todos los momentos de la vida diaria: en momentos de estrés, de enfado, de tensión, etc.
Hay unas prácticas muy cortas (una se llama de “los tres minutos”) que pueden hacerse en cualquier ocasión y te relajan, y se pueden aplicar en la vida diaria, en situaciones de estrés o aprovechando situaciones rutinarias. Si estás esperando en la parada del autobús, en vez de despotricar porque el autobús llega tarde, puedes cerrar los ojos y hacer una meditación corta. O también cuando cocinas o cuando friegas los platos puedes aprovechar para hacer unos minutos de meditación. Solo con poner la atención en lo que estás haciendo, cambia la perspectiva. En vez de pensar “qué aburrido es fregar”, si estás atento a todo lo que sucede en ese momento puede ser una meditación apasionante.
Eso es mindfulness para ser más felices, o para disfrutar más de la vida que tenemos.

Con frecuencia vivimos ajemos a nosotros mismos, estamos haciendo una cosa y pensando en otra, y eso es una fuente de infelicidad  porque no estamos en lo que estamos.
Desde la atención plena, comer por ejemplo es apasionante, pero somos incapaces de comer solo comiendo, sin ver la televisión, hablar, etc. Por eso comemos de más y engordamos,  porque no llegamos a percibir cuándo estamos llenos.

Se puede decir que el mindfulness nos ayuda a vivir más felices